Alineación Cuerpo y Mente¿Qué clase de persona eres?; ¿eres del tipo reflexivo que prefiere tomarse su tiempo para pensar las cosas a fondo antes de realizar una acción o eres más del tipo impulsivo que dice lo que piensa sin pensarlo dos veces y se lanza a la acción como si fuese un kamikaze?

Tal vez te encuentras en un punto medio, o puede que te notes reflexivo en ciertos momentos e impulsivo en otros.

De todas maneras, estoy seguro que han habido situaciones en tu vida en las que te hubiese gustado haber usado un poco más la cabeza, así como también te hubiese gustado en otras situaciones haber escuchado un poco más al corazón.

A los efectos de este artículo, voy a representar al ser reflexivo con la mente y al ser impulsivo con el corazón. ¿Con quién te comunicas la mayor parte del tiempo?; ¿te gustaría empezar a escuchar más a la otra parte?

niveles de empatía

Mi lado reflexivo

Por muchos años me consideré una persona predominantemente reflexiva. Jamás fui de actuar sin pensar las cosas detenidamente. Nunca me arrepentí de haber cometido errores por haber actuado efusivamente. Pero me he arrepentido de no haber aprovechado oportunidades cuando se me presentaban. El ser reflexivo puede ser un gran aliado si sabes cómo y cuándo serlo. Puede evitarte varias confrontaciones y problemas fácilmente eludibles. Sin embargo, también puede provocarte frustraciones ya que esa habilidad de reflexión te impide conectarte a fondo con tu corazón y hacer lo que siente sin temor a las repercusiones.

Es por eso que llegué a un punto en el que decidí ver las cosas desde un lado más pasional y enérgico. Noté que, en muchas ocasiones, el ser reflexivo no me brindaba los resultados que estaba buscando. Necesitaba ser más impulsivo para dejar de sentir esa sensación de parálisis que me provocaba el pensar demasiado las cosas. Fue cuando tomé la decisión de conectarme más con aquel Rodrigo impulsivo. Pero para eso, primero tenía que encontrarlo.


Mi lado impulsivo

Una vez que comencé a leer libros y artículos sobre desarrollo personal, empecé a apoyarme más sobre los planteamientos del corazón.

Varios autores predican que “el pensar mucho con la cabeza” termina provocando ansiedad, y que el impulsarte a la acción es la cura para dicha ansiedad. Cuanto más tiempo te dediques a pensar en hacer algo, menores son las probabilidades de que realmente lo hagas.  Y tenían razón.

“Ante cualquier decisión en la vida…siempre di que SI”

“Ante la duda entre hacer algo o no hacerlo…siempre hazlo”

“Siempre debes estar del lado de la acción porque por lo general nos arrepentimos más de aquellas oportunidades desaprovechadas”

Éstas eran algunas de las enseñanzas que recibía de varios autores.

El ser impulsivo denota una mayor comunicación con tu cuerpo. Toda nueva situación que te produzca adrenalina es sinónimo de que, en buena medida, vale la pena atravesar.

El experimentar más este lado me hizo darme cuenta de mi gusto por los deportes y actividades extremas y de aventura. Le empecé a tomar el gusto a todas aquellas actividades que producían un alto grado de adrenalina: paracaidismo, canopy, rappel, parapente, ala delta. Bajo mi lista de objetivos pendientes están el hacer bungy-jumping, rafting, hacer una excursión en la selva y nadar con tiburones.

El abrirme más a mi lado impulsivo me permitió comunicarme con una parte mía que permanecía dormida. Sin embargo, comencé a sentir la presión de tener que “actuar” todo el tiempo. Sentía como una presión invisible por realizar actividades que, siendo totalmente honesto, no tenía muchas ganas de hacer. Había algo de esta filosofía que no terminaba de resonar del todo conmigo y comencé a cuestionarla. ¿Por qué siempre tengo que decir que si?; ¿solo porque un autor en un libro lo dijo?; ¿por qué le doy tanta autoridad a lo que dice esa persona si no me estoy sintiendo muy a gusto con esta filosofía?. Si bien la idea de ser más impulsivo tiene sus ventajas, poco a poco empezó a incomodarme esta postura. La presión comenzó a superarme y decidí abandonar este camino.

El haber probado ambos extremos me permitió comunicarme con dos Rodrigo diferentes. ¿Qué tal entonces si existiese un punto medio entre ambos?; ¿qué tal si pudiera comunicarme con ambos al mismo tiempo y negociar el mejor camino a tomar? Eso sería fantástico!!



Alineación Cuerpo-Mente

Una falta de alineación entre ambas partes provoca un desequilibrio emocional. Cuando tu corazón y mente están bajo diferentes vibraciones, no puedes acceder a aquellos pensamientos que alimenten lo que tu cuerpo desea. De la misma manera, lo que tu corazón anhela va a estar inundado de pensamientos que contradigan ese deseo. En otras palabras, vas a estar SINTIENDO una cosa pero PENSANDO otra. Tu corazón te dice que deberías ser más honesto con los demás pero tu cabeza dice que eso solo te traerá problemas . Esto denota una clara falta de alineación entre ambas partes.

Y esa alineación existe. Tu corazón puede comunicarse directamente con tu mente. Y tu mente también tiene una vía de comunicación con tu corazón. Es por eso que a veces notamos que “pensamos con el corazón”.

Lo curioso de esto es que el canal de comunicación que nace desde la mente hacia el corazón es uno muy angosto. La mente le envía poca información al corazón ya que éste no necesita escuchar tan atentamente lo que dice la mente. El corazón ya sabe lo que quiere, es la mente la encargada de sembrar las dudas.

Por el contrario, el canal de comunicación que nace del corazón a la mente es de lo más ancho y de lo más escandaloso. El corazón le grita a la mente para que éste se disponga a escuchar.

¿Entonces qué hacemos con esta desconexión? Te propongo lo siguiente…

Alineación Cuerpo y Mente

Primero, identifica qué parte dentro de ti es la que está hablando. Se conciente de dónde proviene el mensaje (el corazón o la mente). Una vez que te des cuenta de esto, imagina cómo se encuentran ambas partes y qué es lo que se dicen. ¿Cómo es que tu corazón y mente se relacionan?

Esto es un espacio de introspección, así que no te vendría nada mal prestarle atención a tu respiración mientras haces este ejercicio. A medida que inhalas y exhalas, en ese movimiento hay una corriente entre ambos con un libre flujo de información y sentimiento. Ambos reconocen su importancia, su valor y su contribución a lo que eres. De esta manera, comienzas a sentir una especie de alianza entre tu corazón y tu mente. Los empiezas a ver como socios colaboradores. El respeto que tiene uno por el otro aflora sabiendo que ambos integran la unidad que eres. Observa si pueden reconocerse así.

Desde ese lugar de mutuo conocimiento entre tus dos órganos vitales, te invito a que tomes una situación de tu vida en la que tu corazón dice algo y tu mente dice lo contrario (como cuando queremos algo pero sabemos que no deberíamos hacerlo).  Entonces siente dentro de ti cómo se relacionan ambos cuando opinan y sienten diferente. ¿Funcionan como una unidad?; ¿qué tienen que hacer para seguir unidos?

Ahora desde la postura de socios colaboradores imagina el dialogo que tienen entre sí. ¿Qué se dicen tu corazón y tu mente siendo socios?



La clave del ejercicio

Fomentar la unión interna. Buscar la paz entre ambos. En lugar de enfocarte en lo que dice tu mente o tu corazón por separado, identifica el lugar más propicio para que se encuentren. Esto pretende encontrar un sentimiento de paz con todas tus partes, incluso cuando opinan diferente. Este es el máximo camino de madurez de una persona, el estar en paz con uno mismo. Esto es un ejercicio que utilizo mucho con mis clientes de coaching que se denomina “Integración de partes”, y en él guio a mis clientes a identificar ambas partes y que lleguen a un acuerdo.

¿Qué se dicen tu corazón y tu mente?; ¿están luchando o son socios colaboradores? Encuentra los momentos en los que luchan y escucha sus interpretaciones. Esta es la mejor forma para conocerte más a fondo. Esta es la clave para auto-gestionar todas tus partes.

Valora este artículo