El Entorno como reflejoUna de las lecciones más importantes que he aprendido recientemente es que todo lo que nos molesta o no aceptamos de los demás son en realidad producto de conflictos internos aún no resueltos.

¿Qué quiero decir con esto? Las relaciones que tenemos con otras personas son proyecciones de las relaciones que mantenemos con nosotros mismos.

Nuestras relaciones externas con otras personas actúan como reflejo de nuestros propios valores, juicios, creencias y opiniones. Esto quiere decir que nuestras relaciones externas y nuestras relaciones internas  son lo mismo. Las percibimos como diferentes porque las vemos con lentes diferentes. Vemos lo que pasa en el afuera con un lente, y lo que pasa en nuestro interior con otro. Y eso es un error.

Veamos por qué…

Gregg Braden, en su libro “La matriz Divina” dice que:

 

“Nuestras verdaderas creencias se reflejan en nuestras relaciones más íntimas…. Las relaciones son nuestra oportunidad para vernos a nosotros mismos de todas las maneras imaginables. Desde las mayores traiciones a nuestra confianza hasta nuestros intentos más desesperados por llenar nuestro vacío, todo el mundo (incluyendo nuestros compañeros de trabajo, nuestros colegas de clase y nuestras parejas sentimentales) nos revela algo sobre nosotros mismos. Si tenemos la sabiduría para reconocer los mensajes que se reflejan hacia nosotros, descubriremos las creencias que causan el sufrimiento en nuestras vidas.”

 

¿Dónde existen todas nuestras relaciones? Miradas desde un punto de vista objetivo, existen “en el afuera”. ¿Pero acaso podemos ser 100% objetivos realmente? Nunca vamos a poder acceder a una visión de nuestras relaciones objetivamente porque por naturaleza somos observadores de nuestra realidad. Todo lo que vemos, oímos y sentimos son señales que capta nuestra conciencia y pasan por el filtro de nuestras interpretaciones. Este proceso termina desencadenando nuestras reacciones emocionales. Por consiguiente, siempre vamos a tener una mirada subjetiva hacia las relaciones que percibimos como “externas”. Podemos intentar imaginar ser lo más objetivo posible, pero nunca vamos a alcanzar una total objetividad dado que somos observadores concientes de nuestro entorno.

Observamos nuestro entorno a través del filtro de nuestra interpretación. Por ende, TODO lo que observamos en el entorno habla sobre nosotros mismos. Nuestros juicios no nos informan acerca de cómo son los demás, simplemente nos dicen como interpretamos nosotros a los demás.

 

¿Por qué es útil aprender esto?

Como ya dijimos, estamos condenados a experimentar todas nuestras relaciones a través de un lente subjetivo. Empecinarse en mantener una visión objetiva de nuestras relaciones como algo que existe “en el afuera” es un intento en vano. Es como pretender mirar una película en 2D con lentes en 3D. Si seguimos presos de observar lo que nos pasa con otras personas como algo externo, nuestras relaciones van a  terminar siendo una fuente de frustración y sufrimiento más que de alegría.

Relacionarse con otras personas se vuelve mucho más difícil y complicado de esta manera. Lograr percibir que lo que no está funcionando en una relación es un aspecto a mejorar en nosotros mismos es fundamental.

 

“Permanecer abiertos ante el descubrimiento de los aspectos de nosotros mismos que no admitimos fácilmente es una condición importante para poder evolucionar”

 

Una vez que adoptemos este modo subjetivo de relacionarnos con los demás, se nos hará más fácil el relacionamiento con otras personas. El comprender que nuestro entorno actúa como reflejo de nosotros mismos nos brinda la posibilidad de cambiar o mejorar las relaciones con otras personas al trabajar aspectos internos que se ven reflejados en el afuera. De esta forma, en lugar de responsabilizar a los demás por actitudes que nos molestan, nos hacemos cargo de lo que nos pasa internamente. Y es a partir de allí, que podamos optar por hacer un trabajo interno en lugar de dispersar culpas alrededor. Si bien no es un proceso convencional, es altamente productivo y enriquecedor…para ti y para todos con los que mantengas contacto.

 

Un ejemplo personal

Recientemente logré darme cuenta de una creencia que venía manteniendo de forma inconciente en toda relación de pareja. Esta creencia es: “En una relación quiero que todo salga como yo quiero”. Ante un mensaje no contestado a tiempo, ya me frustraba. Ante un repentino cambio de planes, ya me enfadaba. Todo producto de que no se daban las cosas como yo quería. Y por consiguiente, responsabilizaba a la otra persona de mi estado emocional.

¿Cómo es que me di cuenta que mantenía esta creencia? Básicamente porque ante cada actitud de la otra persona que no me gustaba y atentaba contra mi orgullo, yo la veía como una actitud de desprecio o indiferencia hacia mí.

Las acciones que yo observaba de la otra persona pasaban por mi lente que dice que “en una relación todo tiene que salir como yo quiero”. Y eso no hacía más que provocarme una profunda sensación de frustración y angustia, todo porque lo que yo observaba en la relación lo veía como algo que atentaba contra mi creencia. Es fácil darse cuenta entonces que modificando esta creencia puedo modificar también la forma en que yo me relaciono con la otra persona. Esto es lo que se llama observar al entorno como reflejo. La naturaleza de la relación que venía manteniendo era un reflejo exacto de algo que pasaba en mi interior. Una vez que logré darme cuenta de esto, entendí de donde provenía esa frustración y angustia.

Te invito a que pruebes como tus relaciones externas son el reflejo de tus relaciones internas. Haz una lista de todas las cosas que te molestan de la otra persona. Lee esa lista e identifica como esas cosas se aplican a ti mismo. Ante una actitud o comentario que te moleste de la otra persona, pregúntate “¿Qué es lo que esta reacción que estoy teniendo está diciendo de mí? Si eres honesto, observaras que las cosas de las que te quejas o te disgustan no provienen del afuera, sino que provienen de una mal atención a tus creencias.

 

“Dar por sentado que siempre tenemos alguna cosa que aprender a través de todos y cada uno de los acontecimientos que nos rodean, nos confiere el poder de cambiar las cosas”

 

Cuanto más interactuemos con otros, más aprendemos de nosotros mismos. Algunos autores dicen que para perdonar, aceptar y amar a otros primero debemos perdonarnos, aceptarnos y amarnos.

Cuanto más trabajes sobre tus creencias, pensamientos e intenciones, más armoniosas serán tus relaciones.

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Update 08/08/2014: He hecho un podcast expandiendo este tema. Puedes escucharlo aquí

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