Honestidad vs Represión SocialEn este artículo expongo el rol de la honestidad en nuestra sociedad. ¿Cuán honesto eres con los demás, pero sobretodo contigo mismo?; ¿cuál es el precio que pagamos por no expresar nuestros deseos más íntimos?

Si alguien viene y me dice: “Rodrigo, si tuvieras la oportunidad de elegir y mejorar un área de tu vida en este momento, ¿Cuál seria y por qué?” Definitivamente esa área es la del relacionamiento con las mujeres. Y eso involucra TODO. Desde el darme a conocer, cómo empezar una conversación con una mujer que no conozco hasta el manejo de los pormenores dentro de una relación ya establecida. Ésta es un área que vengo relegando hace tiempo, y es momento que le dé la importancia que merece. Si bien considero que he progresado en ésta área en los últimos años, es donde más me he reprimido emocionalmente. Es un área en la que tengo mucho por trabajar y aprender.

Ahora, ¿por qué estoy escribiendo particularmente acerca de esto?; ¿no es que un coach debe de tener un equilibrio en todas las áreas de su vida?; ¿no es que un coach ya debe tener un camino recorrido y tener las cosas “claras”?; ¿cómo puede ser que tenga dificultades en esta área?; ¿y por qué estoy ventilando que tengo asuntos no resueltos en el área de atracción y relacionamiento con las mujeres? Mi respuesta es…¿Por qué no?; ¿por qué no decir la verdad?; ¿por qué no ser honesto en cuánto a mis debilidades o carencias, sea en ésta o en cualquier otra área?

Ya me imagino a algunos diciendo “Pero vos sos un coach. La gente te paga para que le ayudes a solucionar sus problemas. No podes ventilar este tipo de cosas. Eso te lo tenés que guardar. Es malo para tu negocio”.

Y si, en realidad puede que lo sea, pero no me afecta en lo más mínimo. No me afecta porque decidí vivir mi vida bajo una serie de principios. Y uno de esos principios es el de la honestidad.

Además, cualquier persona que diga que tiene la vida resuelta (sea coach, psicólogo, arquitecto o ingeniero nuclear) es un farsante. No somos un título ni un diploma ambulante. Somos personas. Y como tales, tenemos fortalezas y debilidades. Estamos destinados a crecer, a tomar esas debilidades y con el tiempo convertirlas en fortalezas.

Hace un tiempo comencé a cuestionar cuánto de mi realmente doy a conocer. ¿Cuán transparente soy en realidad?; ¿cuán precisa es la visión que tienen los demás de mi? Al indagar en estas preguntas, me di cuenta de algo importante. Al parecer, el esconder ciertas debilidades, deseos o anhelos provoca una sensación de seguridad, pertenencia y aceptación social. El miedo a ser juzgado por otros (sean amigos, conocidos o desconocidos) es un motivante suficiente para aplacar nuestros impulsos más primitivos.

¿Es realmente NECESARIO pretender no sentirse atraído por aquellas personas que nos atraen?; ¿hace falta pretender que no te masturbas o que no miras pornografía en internet?; ¿hace falta pretender que estás cómodo con tu trabajo cuando en realidad te gustaría estar trabajando de otra cosa o en otro lugar?

Es una lástima que sintamos la necesidad de esconder nuestras verdades. ¿Por qué no expresamos lo que realmente pensamos?; ¿qué es lo que nos incita a ocultar una parte de nosotros?; ¿es miedo, culpa, vergüenza? ¿Cuánta energía desperdiciamos en esconder nuestra verdad y en pretender que no nos hace falta expresarla?

Con esto no estoy defendiendo el concepto de la honestidad bruta. Existen situaciones en las que una excesiva forma de honestidad puede causar daño a otras personas cuando expresamos nuestra verdad sin ningún tipo de filtro. Es en estos casos particulares en los que creo que debemos moderar nuestros niveles de comunicación.

Sin embargo, me resulta absurdo mantener escondidas ciertas verdades internas con el fin de alinearse y serle fiel a lo que el resto del mundo espera de nosotros. Vivimos en un mundo en el que la experiencia es sobrevalorada y la inexperiencia es castigada. ¿Cuándo fue la última vez que escuchaste a una persona expresar libremente su virginidad?; ¿cuándo fue la última vez que viste un aviso en el diario en el que no pidieran experiencia previa para un trabajo?

No obstante, ¿es realmente el mundo exterior el que espera algo de nosotros o son acaso nuestras creencias acerca de lo que el mundo espera de nosotros lo que nos limita a conducir un camino más alineado con la verdad? En la práctica, todos somos libres de expresarnos a nuestro antojo. Por ende, no existe persona en el mundo que nos prohíba decir lo que somos y lo que queremos, a excepción de nosotros mismos.

Somos nosotros los que validamos nuestra auto-censura y limitamos nuestra verdad. Date cuenta que estás entregando tu poder a algo que no existe. Le estás dando autoridad y poder al mundo externo para mantenerte libre de juicio. Pero no son los demás los que te juzgan, eres tú el que se está juzgando. Al no decir tu verdad, le estás dando poder a una ilusión.

En lo que refiere a la comunicación con otras personas, durante los últimos meses he logrado liberarme de éstos viejos preconceptos que establecen qué es lo que puedo y no puedo hacer, y qué es lo que debo y no debo decir. Empecé a “sacar viejos trapitos al sol” y a ser más honesto. Viéndolo en perspectiva, tal vez mi autoestima no estaba en la mejor de las condiciones para afrontar las consecuencias que trae una vía de comunicación más abierta. De todas maneras, no me arrepiento de haber tomado esta decisión. Mi curiosidad estaba por encima de mis miedos y preocupaciones. Después de todo, mi propósito en la vida es vivir de manera más conciente y ayudar a otros a vivir de la misma manera.

¿Qué es lo que te detiene?; ¿qué fantasía te gustaría experimentar?; ¿cómo vas a hacer para manifestarla?; ¿por qué no comunicar tus deseos lo más abiertamente posible a aquella persona que esté en condiciones de ayudarte y escucharte?; ¿quieres que tus fantasías te acompañen hasta la tumba o te gustaría experimentarlas ahora? Puede que el “si” que estés buscando esté solo a unos minutos de distancia.

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