Karma: Retomando el control de tu estanqueTodo lo que emites al mundo, vuelve. No creo en el concepto de karma que habla de una “justicia divina”, pero sí creo en el concepto de que todo lo que emites afecta tanto positiva como negativamente a los demás. Y por consiguiente, eso genera reacciones de los demás. Este es al menos el concepto de karma con el que me identifico más. En este artículo te invito a reflexionar sobre cómo establecer un estado de armonía con el resto de las personas.

¿Qué sucede cuando lanzamos una piedrita a un estanque? Se producen ondas que se expanden. El alcance de estas ondas depende del tamaño de la piedra y de la fuerza con la que la tiremos.

¿Qué sucede cuando lanzamos varias piedritas al mismo estanque? Se comienzan a propagar múltiples ondas en simultáneo, haciendo que una choque con la otra. La dirección de cada onda se desvía de su curso natural producto del choque con las demás.

Las personas son como las piedritas que se lanzan al estanque de nuestra realidad. Cada acción y decisión que tomamos provoca ondas de diferente efecto y duración. Pequeñas acciones provocan pequeñas ondas de expansión. Grandes acciones provocan grandes ondas de expansión. Lo que tú haces impacta a otras personas. Lo que otros hacen provoca un impacto en ti.

¿Qué tipo de piedrita estas siendo hoy?; ¿qué tipo de ondas has estado extendiendo a lo largo del estanque?. ¿Acaso son ondas de amor, compasión y gratitud o son ondas de envidia, miedo y enojo?

Recuerdo una etapa de mi adolescencia en la que tenía discusiones fuertes con mi hermana con bastante asiduidad. Algunas de ellas desembocaban en lo que parecía ser la llegada definitiva del apocalipsis, pero a pesar de los insultos, tirones de pelo, empujones y algunos machucones…nos queríamos  :-)

Durante estas peleas siempre había alguien que actuaba como el disparador emocional del otro. El insulto de uno provocaba el insulto del otro. Palabras de enojo de uno provocan la misma reacción en el otro. Y por lo general el volumen y densidad de las discusiones tendían siempre a aumentar a medida que pasaban los minutos.

Las ondas que emitíamos durante estos episodios eran de enojo, angustia, frustración e impotencia. Una onda de enojo de mi parte perturbaba el estanque de mi hermana, provocando una respuesta similar de su parte y así ella conmigo.

Cuando nos sentimos enojados, angustiados o frustrados comenzamos a provocar ondas violentas e hirientes en nuestro estanque. Y aunque a veces no lo parezca, esto perturba el agua de todos aquellos que tienes cerca. Los estados de ánimo suelen ser contagiosos.

Te propongo entonces que retomes el control de tu estanque y seas más consciente de las ondas que inicias con tus acciones. ¿Quieres vivir en un estanque de aguas turbulentas y sucias o prefieres vivir en un estanque pacífico en donde una buena parte de tus ondas no trasgredan la paz de las aguas?

Es momento de responsabilizarte por las ondas que emites hacia tus alrededores. Decide conscientemente qué tipo de ondas quieres propagar entre tus allegados y qué tipo de ondas quieres que los demás reciban de ti. Y cuando sientas que una onda de enojo te salpica fuerte en la cara, sé consciente nada más de este ciclo y déjala pasar. De nada sirve propagar más ondas de enojo y seguir ensuciando las aguas.

Hace tiempo que tomé la decisión de enviar ondas positivas de cariño, compasión y amabilidad a otros. No todos las reciben porque no creo que todos las merezcan. A veces me enojo, a veces me frustro, pero sigo trabajando conscientemente en las ondas que emito. Si las ondas que emites se asemejan a las mías, entonces nos vamos a llevar bien. Pero si no, mantente lejos de mi estanque  ;-)

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