¿Qué piensan los demás de ti?Es muy común la frase “No deberías prestarle atención a lo que los demás piensan de ti”, pero por lo general esta frase nace del miedo que uno tiene a las opiniones de otros y se utiliza para invocar un aparente sentido de superioridad. Este artículo busca desmitificar esta famosa frase.

Siguiendo en línea con lo expresado en el artículo anterior, considero que uno siempre debe tomar decisiones basado en las posibilidades de acción que a uno se le presentan. ¿Qué nuevas posibilidades te brinda el estar atento a la opinión que otros tienen de ti?

La verdad sea dicha, la mayoría de las personas que conoces no se fijan tanto en lo que tú haces o dejas de hacer ya que, de por sí, están demasiado ocupadas con sus propias cosas. Mientras tú te preocupas por lo que los demás piensan de ti, ellos se preocupan por lo que tú piensas de ellos.

De nada sirve estar gastando tu energía en seguir alimentando este ciclo. Una cosa es preocuparse por los demás, y otra muy diferente es preocuparse por la opinión de los demás. Lo primero te abre posibilidades de acción. Lo segundo no.

En lugar de enfocarte en lo que otros piensan de ti, enfócate en lo que tú piensas de ti mismo. La opinión que tienes de ti mismo importa mucho más que la opinión de cualquier otra persona, sin importar cuán allegado sea. Podrá ser muy buena, inteligente y sabia esa persona, pero no está en tus zapatos y nunca podrá estarlo.

Nunca nadie va a saber REALMENTE de lo que eres capaz salvo tú mismo. Y en muchas ocasiones ni siquiera tú mismo lo sabes. No permitas que la reacción de otros tenga un impacto sobre tu accionar. Le estarás dando más poder a factores externos del que te das a ti mismo.

Y con esto no pretendo que te conviertas en un ser antisocial, desconsiderado ni que incluso te sientas superior al resto. No pasa por ahí. Lo que quiero dejar en claro es que es un mal uso de energía preocuparse por opiniones ajenas a uno. Conserva lo mucho o poco que tienes de esa energía y direccionala hacia lugares más productivos, en ti mismo por ejemplo. Eso te habilita a hacer cosas que, de lo contrario, tal vez no te animarías a hacer. Y con sólo eso, ya te puedes convertir en un ejemplo a seguir para el resto.

Cuando te animes a embarcarte en nuevos retos y estés adentrándote en zonas aún desconocidas para ti, puede que recibas cierta resistencia de otras personas. Esto suele suceder, pero no necesitas que eso pese sobre tu persona. Cuando esto sucede, por lo general las personas hablan desde el miedo, y no desde un lugar de amor. Pero ese es su miedo, no el tuyo. El miedo limita y cierra oportunidades. El amor posibilita y las abre.

Ignora cualquier tipo de resistencia que no provenga de ti. Deposita tu fe en tus creencias y en lo que creas correcto.

¿Pero qué sucede cuando las predicciones de otros terminan cumpliéndose?; ¿qué pasa si terminas estrellándote la cabeza contra la pared como te dijeron que pasaría? No interesa!!! Aún cuando sus predicciones se hayan cumplido, siguen estando equivocados. ¿Por qué? Porque creen que equivocarse y cometer errores está mal, o que por lo menos deberías evitarlos.

¿Tu nuevo emprendimiento fracasó estrepitosamente?

¿Tu relación de pareja se desgastó por completo?

¿Invertiste toda tu energía y recursos en algo que no dio frutos?

Pues entonces te felicito. Estrellaste la cabeza contra la pared y eso es genial!! No te quedaste quieto. Tomaste riesgos y actuaste a pesar de ellos. Eso es digno de celebrarse. Actuaste desde un lugar de amor, y no desde el miedo. La verdadera lección aquí no es como anteponerse al fracaso, sino como aceptarlo como tal y estar en paz con eso.

El fracaso no es lo opuesto al éxito. Es una parte integral del éxito.  Es la mejor manera que tenemos los seres humanos para aprender y crecer. Date el permiso de ser humano.

Miremos esto desde esta perspectiva. Uno necesita en la vida desarrollar sus niveles de confianza y autoestima. Para esto uno primero necesita conocer el limite de sus capacidades porque es a partir de esas limitaciones que uno trabaja para superarse en el tiempo. Si desconocemos nuestras propias limitaciones, no tenemos un parámetro con el que podamos medir efectivamente nuestro crecimiento. Nunca vas a descubrir de lo que realmente eres capaz si te quedas quieto.

Entonces, volviendo a la pregunta inicial, ¿el preocuparte por lo que piensen los demás de ti es algo que te paraliza o te moviliza?; ¿es esto algo a lo que uno debe prestarle atención?

Aquí lo único que importa es lo que puedes hacer, no lo que los demás piensen que puedes hacer. Y para eso, tienes que tomar riesgos. La confianza en uno mismo no se genera de la nada.

Así como Jesús le dijo a Lázaro, “Levántate y anda”  🙂

Valora este artículo